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El Tribunal Constitucional, en una muestra más de su rigor y coherencia institucionales, ha hecho caso omiso de la instrucción legal dictada por el legislativo y se ha negado a castigar a la presidenta del parlamento catalán, Carme Forcadell, por haberle desobedecido.[…] Se deduce de nuevo el absurdo de seguir hablando de un problema catalán. En Cataluña las cosas van formidablemente bien. Fluidas, precisas, con esa mezcla de suavidad y firmeza que caracteriza al delirante seguro de sí mismo. Es en España donde reside el problema. El gravísimo problema de que el delirante esté empezando a transformarse en un hombre cuerdo, por las erráticas y estupefacientes decisiones de los que habrían de ponerle la camisa de fuerza.

Arcadi Espada, en su blog