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España vive hoy, y lleva viviendo desde 1978, en una de las creaciones más maravillosas de la civilización humana: una democracia liberal y un Estado de Derecho. Es decir, en un sistema político que, aun con nuestros fallos, reconoce al individuo unas libertades y una igualdad ante la ley que jamás en nuestra historia se habían dado. Un sistema, además, del que aún hoy, en 2015, carecen la mayor parte de los habitantes de nuestro planeta. Porque aunque un sistema político que nos hace a todos libres e iguales trate con igual dignidad a todos, eso no significa que guste a todos. Ni siquiera a todos los que vivimos disfrutando de él. De hecho, aprovechando que los períodos de crisis económica son, lógicamente, períodos turbulentos, muchos a los que no les gusta este sistema que nos hace a todos libres e iguales han querido aprovechar la ocasión para liquidárnoslo. O, al menos, para disminuírnoslo.

Miguel Ángel Quintana Paz, entrevistado en paginasdigital.es